El traje que anuncia el tiempo

EL cambio de tiempo no lo marca el almanaque ni las isobaras. Sevilla en abril tiene cintura de mujer y cada rincón es un consulado de explosión primaveral. Pepe, el panadero de San Bruno, que celebra su cumpleaños cada aniversario de la II República, lleva una cazadora con manchas de grasa a la tintorería. Dos planchas a toda pastilla. Un señor mayor lleva una túnica de nazareno. A la izquierda, media docena de trajes de gitana. De flamenca las llama con propiedad y rigor Rosa María Martínez en su estudio antropológico.



"Han entrado muchísimos trajes, y los que tienen que entrar", dice Ana Lora Cabello, sevillana de la Campana, manijera con su destreza en los pliegues y el planchado en este cambio de tiempos reales y mentales.

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