Todos sabemos que uno de los principales escollos y mayor fuente de disputas que se plantean en la relación con nuestros clientes, en el momento de producirse un percance o accidente en una prenda, no es tanto la asunción de la responsabilidad, que en caso de tenerla, normalmente la admite el tintorero, sino la correcta y justa valoración de la pieza deteriorada.
En muchisimos de estos casos, aunque prime la buena disposición del tintorero en resolver el asunto, pronto aparecen las divergencias cuando resulta que el cliente solicita una valoración desmesurada de la prenda, y que en la mayoria de ocasiones no presenta la factura justificativa de su importe, ni los años de uso de la misma. Es frecuente escuchar socorridas frase como, que si es exclusiva, que si tiene un alto valor sentimental, que si era nueva, me la acabo de comprar, etc. etc.














