En el 1er capitulo, habiamos estudiado el caso hipotético de la formación del precio en una tintoreria, en que el único coste que tenía que soportar era el coste de la ubicación. Evidentemente, este caso no se da en la realidad. Lo primero que nos viene a la mente, es que el trabajo, la producción, la ha de realizar alguien, por lo que, en el momento de asignar una primera persona al desarollo de los trabajos necesarios para poder procesar el primer pantalón, estaremos incurriendo en el coste de personal. Además, este primer operario (bien sea un empleado o el propio empresario) dedicado a la tarea productiva tiene el condicionante de que no podemos prescindir de él (al menos 1 persona ha de abrir el local, atender a los clientes y realizar el resto de los trabajos). En este supuesto es fácil entender que incurrimos en un coste fijo, ya que no podemos suprimir esta primera persona ya que entonces no podríamos ni siquiera abrir el local.
Este tipo de costes en economía se denominan Costes Fijos, y se definen como aquellos en que incurre la empresa y que no se pueden suprimir en el corto plazo. En economía se aceptan diferentes matices para esta definición, pero daremos por válida la expuesta por su claridad y sencillez. Vamos a analizar más detenidamente esta expresión para profundizar un poco más en todo lo que ello implica. Lo primero que abordaremos, es ¿qué entendemos por corto plazo? Nuevamente, esta expresión es relativa, generalmente se aceptan unos pocos meses, en otras ocasiones puede tratarse de un año, o incluso más, en este sentido los economistas los clasifican en Corto Plazo, Medio Plazo y Largo Plazo.
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