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Trágica explosión

La explosión ocurrida en el taller de nuestro inolvidable compañero don Fran­cisco López Mas (q. e. p. d.), no se supo, en los primeros momentos, lo que la ha­bía ocasionado, si la caldera a vapor o el aparato recuperador de benzol que em­pleaba para el desengrase de pieles para charolar.

Consistía esta instalación en una cá­mara completamente cerrada, de unos se­tenta y cinco metros cúbicos, con una pequeña puerta de acceso. En ella se efectuaba el tendido de las pieles, des­pués de desengrasadas y pasadas por un cilindro escurridor. De dicha cámara par­tía un tubo de plancha de cinc que comu­nicaba con los aparatos recuperadores propiamente dichos.

Del local destinado a las calderas de vapor o regeneradores, a donde se halla­ban instalados dichos aparatos, había una distancia de cinco a seis metros. La cá­mara, colindante con una casa de vecin­dad, llamada vulgarmente Cuartelillo, donde se albergaban infinidad de fami­lias, al hacer la explosión, derrumbó toda la parte trasera de dicha casa. La deto­nación fue espantosa, los daños produci­dos de mucha ('consideración y, sobre todo, el tener que lamentar la muerte de dos operarios, uno de ellos extraído ya sin vida de entre los escombros, y asi­mismo la del industrial honrado y com­pañero querido que inspira estas líneas.

López Mas, como le llamábamos nos­otros, ha muerto. López Mas era el de­cano de los tintoreros valencianos, era un valor positivo en la profesión, era el tra­bajador incansable, el que hizo de la profesión una religión, el que en la cumbre a fuerza de trabajo, de entusiasmo y de inteligencia, disfrutando de una posición desahogada, decía, lleno de orgullo:

— Yo soy tintorero desde antes de nacer.

¿Os dais cuenta de lo que esto signifi­ca, de lo que esta afirmación entraña? Amor filial, goces espirituales, lucha, sa­tisfacciones, en fin, toda una vida con­sagrada a la profesión. ¡Y este hombre ha muerto del modo más trágico !

Llorémosle, pero con ese llanto callado, concentrado, sin lágrimas, expresión del más profundo dolor y de la mayor ente­reza.

Todos los colegas, sin distinción, se agruparon en torno a él desde los prime­ros momentos, como queriendo arrancar su presa a la muerte.

Que sirva este ejemplo de compañeris­mo de los tintoreros valencianos, de guión tras el cual marchen todos los tintoreros españoles en apretado haz, como miem­bros de una gran familia, que si la des­gracia de un compañero les ha juntado, juntos deben marchar siempre para lo­grar todo aquello que sea beneficioso para la colectividad.

Apenas ocurrida la catástrofe, y extraí­das de entre los escombros las víctimas, el local se vio invadido por la mayor parte de los profesionales, que fueron dispuestos a prestar su ayuda. Todos coadyuvaron con su esfuerzo, establecién­dose turnos entre ellos para asistirle has­ta el momento del funesto desenlace.

Descansen en paz las víctimas.

Luis navarro             Valencia.

Publicado en el Nª 57 de  La Tintoreria,  Octubre de 1934

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