BARBOUR

Cuando se quieren hacer milagros

Es muy común entre nosotros coger todo aquello que nos entra por la puerta de la tintoreria venga como venga: dentro de una bolsa, plegado, mojado, viejo, o ya estropeado por otros.

Tenemos la costumbre de querer convertir el problema de la prenda que nos trae el cliente en un reto. Debe de ser un tema de autoestima y necesaria reafirmación de que valemos para esto.

Nos decimos con orgullo ¡yo si que voy a resolverlo! soy bueno en mi oficio y voy a quedar fantasticamente con este cliente.

Posiblemente es la primera vez que ha entrado este cliente en nuestra tintorería, tal vez ya ha pasado por otras cuatro antes de cruzar la puerta de la nuestra, vamos que nos hemos convertido en su ultima esperanza y aún así tenemos la convicción de que arreglandole el problema habremos ganado un cliente.

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Pues bien, esto no funciona así en la mayoria de los casos y mucho menos en el de las tintorerías. El cliente ha llegado a nosotros como ultimo recurso, y no volvera hasta que no tenga otro problema irresoluble (eso en el caso de que le hayamos resuelto este).

Lo más seguro es que tras limpiar dos o tres veces la prenda con abundante cantidad de jabones, tiempo y desmanchantes la prenda sigue igual o incluso peor que cuando no las trajeron. Hemos empezado a reconocer que fue un error recepcionar esa prenda, que nuestros compañeros no la dejaron por imposible por casualidad y que acabamos de convertirnos en cierta medida responsables ante el cliente del estado en que esta quedando la prenda.

Nos convenceremos de que todo estaba anotado en el albarán de recepción, que verbalmente se le explico lo que había y lo que podía pasar, y que hicimos todo lo que se podía hacer para recuperar la prenda. Pero de esta vamos a salir tocados, pues nuestra autoestima ha bajado algún grado, nuestro prestigio y profesionalidad a buen seguro que sera cuestionado, y todo ello por creerse mejores que los otros y por querer asumir retos imposibles que no nos van a aportar nada: ningún nuevo cliente, ningún minimo beneficio económico, ningun prestigio o reputación.

Solo cabreo, impotencia y una terrible sensación de haber hecho el primo. Y digo yo, no creeis que es absurdo meterse en esta clase de charcos.

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