Sobre el trato al cliente de tintoreria

El 7 de octubre de 2020 escribí sobre algunos temas. Ahora que me releo, me parece que nunca acabo de concretar nada. Tengo que trabajar eso de las partes de un relato. ¿Cómo era? Las partes de un cuento son tres: Inicio, Nudo y Desenlace. ¡Eso! 


¿En los autoservicios se lava mal?

Hoy estando en la tienda, me he acordado de alguna conversación que hemos tenido en el grupo de Telegram sobre lo mal que lavan los autoservicios.

Esta tarde ha venido una pareja y traían tres edredones húmedos. Los traían después de haberlos lavado en una lavandería autoservicio y de haber comprobado que les habían quedado mal lavados los tres. Ni siquiera los han pasado por la secadora, nos los han traído directamente. Una pareja joven que no había venido nunca. Ahora es cosa nuestra hacer que vuelvan.

 

Poner precio a los trabajos de plancha

Habeis  hablado sobre los precios de plancha. Es un tema sobre el que solemos discutir bastante en casa.

A veces pienso que Carmen, mi mujer, tiende a regalar su tiempo cobrando poco por ciertos trabajos. Ella argumenta que no podemos cobrar  por un trabajo de plancha, una mantelería por ejemplo, un precio que podría tenerse por un “precio disuasorio” de forma que la clienta piense que no le merece la pena dejarlo. Normalmente, tras discutirlo entre nosotros, llegamos a un precio intermedio; ni el que ella había pensado, ni el que yo había calculado según el tiempo invertido.

No se puede que regalar el trabajo, porque ese es el camino hacia la la ruina. Obvio. Pero, ¿como saber cuánto debemos cobrar?

No es fácil saberlo y supongo que la propia experiencia nos ayuda a decidir un precio. ¿Quién no se ha pillado los dedos con un presupuesto? Pues así se aprende.

Sería genial que nos pagasen a 40€ la hora, pero no es así. A ningún cliente le parecería bien esa tarifa. Me pregunto si eso es por culpa nuestra o si simplemente nuestro tiempo no vale tanto.

Quizas me falta una visión  de empresario, de gran comercio, quizás es por eso que no hemos llegado a ser una gran empresa. Pero realmente, no me veo capaz de decirle a una clienta que gana 900€ o 1.000€ al mes, que el precio que pretendo cobrarle es tan caro porque le estoy cobrando las horas a 40€ más IVA aunque a ella se las paguen a 7€.

Es verdad que en el taller mecánico de la esquina me cobran eso, o si viene un técnico a arreglarme una máquina, pero me parece un robo (y por favor que nadie se me ofenda por decirlo, no digo que sea un robo, digo solamente que esa es la sensación que tengo cuando he que pagarlo). Pero por eso me pregunto si es culpa nuestra. ¿Acaso el tiempo de un mecánico vale más que el nuestro? ¿Cómo es que lo aceptamos tan tranquilos?¿Cómo lo han conseguido?

No se la respuesta. Pero me gustaria saberla.

 

El mundo es de los grandes

Ya puestos y hablando de todo un poco, tampoco sería capaz de tratar a mis clientes como muchas empresas grandes me tratan a mí y a todos (estoy pensando en empresas de servicios de telefonía, de energía, bancos, etc…).


Sin embargo todas ellas se han hecho megamillonarias tratándonos fatal, haciéndonos perder el tiempo hablando con máquinas, no resolviendo nuestros problemas, o con políticas hechas exclusivamente para su conveniencia y que ovejilmente aceptamos.

No puedo ni quiero tratar así a mis clientes. Pero quiero poder vivir de mi trabajo y tengo que lograrlo con mis armas, no con las Caixabank. Soy pequeño, no grande. Y aunque el gobierno diga lo contrario, ni siquiera soy de primera necesidad. Si no trabajásemos en una tintorería, cualquiera de nosotros podría vivir años sin pisar una.


¿Cuáles son pues nuestras armas? ¿Cuál es nuestro valor añadido?¿Qué estamos dispuestos a ofrecer que nos haga irresistibles? Bueno quizás me he pasado con el adjetivo ¿Qué estamos dispuestos a ofrecer que nos haga más apetecibles?

Me gusta lo artesanal, lo tradicional, lo simple. Sé que no estaré nunca a la última, ni siquiera a la penúltima y eso en nuestra sociedad no es aún un delito, pero sí pecado mortal.

Hace años aluciné cuando conocí las tiendas Abercrombie y Hollister y vi que contrataban a jovenzuelos fermosos, musculados y depilados, y a mozas estupendísimas que ni sabes hacia dónde mirar. Personal que te espera en la mismísima puerta para decirte: hola bienvenido, ¿puedo ayudarte? mostrándote una sonrisa Lacer Blanc. Chicos y chicas de 17 a 22 años, siempre muy guapos, que además de trabajar allí, son parte del producto. Deben vestir la marca de la casa (y pagarla con su sueldo), a ser posible que sea una o dos tallas menos. Les indican hasta qué botón deben llevar desabrochado. A los chicos les colocan en la sección de ropa femenina y viceversa, ellas tienen que trabajar en la de ropa masculina.

En fin, cuando vi eso, quedé impactado. ¿Cómo es posible que algo así se considere cool? ¿Cómo no se han organizado escraches antisexistas delante de sus tiendas? ¿Cómo puede un-una adolescente comprar en esa tienda tranquilamente y después decirme con desprecio que tengo la sensibilidad de un cavernícola por comerme un filete?

La respuesta es sencilla: Porque son empresas grandes. Porque tienen pasta, publicitan, crean opinión, moda, marca, etc…

 

 

 

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