Sobre el Reciclaje y la Sostenibilidad

A finales de Septiembre de 2020 en el grupo de Telegram salió el tema del reciclaje y la sostenibilidad.

A cuento de esos temas, quise hablar de tres personas a las que quiero y conté estos tres cuentos cortos. 


Rosa, mi suegra

Pienso que no siempre el más ecológico es el que más habla sobre ello, ni siquiera el que más recicla.

La persona más ecológica que conozco es mi suegra. Sin ninguna duda. Ella no es consciente de ello, en realidad no sabe ni siquiera el significado de la palabra ecología, ni sostenibilidad, ni nada parecido, pero yo reto a cualquier ecologista a vivir con una huella de carbono menor que la de mi suegra. Imposible.

Rosa, que así se llama, nació, se crió y vivió toda su vida en el campo. Tiene 82 años y sigue madrugando para trabajar como ha hecho cada día desde que recuerda. Nunca ha tenido coche (va en bici). Siempre ha usado el trasporte público. Ha viajado poquísimo, no ha ido ni a Cancún, ni a las Maldivas… en realidad… ha ido a Andorra y poco más (claro que Andorra está a 10 km…).

No compra ropa en las rebajas, tiene solamente la ropa que necesita. Compra en el mercadillo pero solo cuando le hace falta. Cultiva su comida, tiene un huerto de 1300 metros cuadrados y lo que le sobra (que es mucho) lo vende en el mercado semanal del pueblo (km cero auténtico).

El huerto lo cultiva sin máquinas a motor, solo azada y músculos. Por no tener no tiene ni una motosierra, la leña la corta a mano como toda la vida. Dice que así la leña calienta dos veces.

Rosa, usa bolsas de plástico, las del super de toda la vida, y cuando las ha usado, las lava, las tiende a secar y las reutiliza hasta que se rompen. Bebe agua de la fuente o del grifo, porque es gratis y es agua. Consume poquísima electricidad, tiene contratado el mínimo. No tiene móvil y según ella ni falta que hace.

Cuando la conocí hasta se hacía ella los colchones de lana (como los de antes). Aun hoy sigue fabricando jabón con sosa y aceite usado. Va por los caminos y recoge frutos silvestres para hacer mermeladas, conoce el bosque como pocos y conoce todos los tipos de setas y las recolecta. También sabe de hierbas. Hace infusiones, condimentos, y hasta ungüentos medicinales como una guarrería viscosa que elabora con las piñas verdes de los abetos y que va muy bien para los resfriados.

En primavera subimos juntos a los prados altos a buscar Xicoies, una planta de la familia del diente de león muy apreciada para las ensaladas. Es un trabajo duro, pero son muy sabrosas y además las pagan bien.


Rosa no fue a la escuela, ni ha estado enferma. Poco ha invertido el estado en su persona. No le debe nada a nadie y todo lo que tiene lo ha ganado ella. No sabe de modas, ni de leyes, ni de lo que ocurre lejos. Lo de no intentar cambiar el mundo sino los 50 metros que me rodean se me ocurrió cuando la conocí.
Su pasión, su interés o su obsesión: la familia.
Su vicio: después de cenar, tras un largo día sin parar, se tumba delante de la tele y se duerme en segundos, agotada. El televisor plano se lo regalamos nosotros porque el que tenía era de los de antes. Menuda bronca nos metió. ¡Tirar una tele que aún funcionaba!

Ecologismo? Reducir, reparar, recuperar, reutilizar, reciclar… Ella no entiende de eso, ella tan solo trata de dar valor a lo que ya tiene. Cuestión de memoria, esfuerzo, trabajo, ahorro y sensatez.

 

 

Jordi, mi amigo

Jordi es un tío de éxito.

Fuimos juntos a la universidad, él siempre fue muy buen estudiante. Es, desde hace años, el gerente de la Mancomunitat d’Escombraries de l’Urgellet. La entidad que gestiona los residuos en mi comarca. Jordi sabe de reciclar y de sostenibilidad. Sabe un montón. Le ha dedicado su vida.

Cuando él llegó a su puesto en 1992, en la comarca se producían 5.500 Tm de residuos cada año y se reciclaban cero. Fue duro, crear la infraestructura, concienciar a la gente, a los políticos, aprender, evolucionar…

Ha sido a base de mucho trabajo y esfuerzo que ha logrado que en la actualidad se reciclen 4.500 Tm anuales.

Treinta años de esfuerzo, que se dice pronto, pero Jordi se siente mal. Él no lo ve como un éxito sino como un fracaso.

Actualmente se reciclan en la comarca 4.500 toneladas de residuos sí, pero se generan 8.200. Generamos el doble de residuos que hace 30 años. Tan solo somos capaces de reciclar el 56% de los residuos que producimos y Jordi, se siente fracasado.

Pero, ¿Quién ha fracasado? ¿Jordi que ha logrado crear un sistema capaz de reciclar 4.500 toneladas? ¿O nosotros, la sociedad que tiramos el doble de basura que hace 30 años?

 

Pilar, mi madre

Pilar nació practicamente en una tintorería. Debajo del mostrador tenía el colchón donde dormía de niña. No sé si eso contaría como conciliación de la vida laboral y familiar.

Pilar aún recuerda cuando no había bolsas de plástico en la tintorería. En realidad no había bolsas de plástico casi en ningún sitio. Era la época de los capazos de mimbre y los mocadors de fer farcells.

En la tintorería todas las prendas se entregaban dobladas y envueltas en papel de manila. Las prendas estaban en las barras colgadas en sus perchas sin ninguna funda. Cada poco había que bajarlas y pasarles un cepillo por los hombros para quitarles el polvo. Las que estaban en la trastienda se desempolvaban cuando venía el cliente a buscarlas, porque allí el cliente no te veía hacerlo.

Después llegaron las bolsas de plástico, primero para las mantas (edredones apenas habían), después para las americanas y abrigos. Las prendas se colgaban con su funda de plástico pero se seguían entregando dobladas y envueltas en papel manila. Las perchas (de madera) iban al cajón de las perchas y las bolsas se reutilizaban varias veces antes de tirarlas.

Entonces algunas tintorerías más modernas comenzaron a entregar las prendas con sus perchas y sus bolsas. Eso solo se veía en las películas.

En Santa Marta nunca fuimos modernos - piensa Pilar, y recuerda que entonces pensaba - Están locos, ¿qué va a hacer la gente con tantas perchas?, además nosotros usamos perchas de madera que son mejores para la ropa, ¡no vamos a dar perchas de madera!

Y Pilar recuerda: -Algunos clientes empezaron a pedir llevarse su prenda con la funda y la percha. En ese caso cambiábamos la percha de madera por una de alambre forrada y con cierto disgusto la entregábamos. ¡Que despilfarro!

Con el tiempo nos acostumbramos. Las perchas de madera molestaban, ocupaban demasiado y lo de tener que cambiarlas era un incordio, así que acabamos con ellas.

Unos años más tarde también quitamos el papel manila del mostrador. ¡Ya éramos modernos!

Yo entonces defendía el nuevo sistema, - Mamá así somos mucho más eficientes en el mostrador, además, es el cliente el que acaba pagando la percha y la funda. –

Y así entramos en la rueda. Como todos.

Pero Pilar sigue pensando: - Pero al final será cierto eso de que la historia es cíclica. Ahora JM me dice que hay clientes que les piden las prendas sin percha ni funda. Dice que están pensando en algún sistema más sostenible. Papel, mocadors,…

Son los tiempos que corren. Si siguen así aún volverán a colgar la ropa sin fundas y a tener que cepillar las prendas cada poco tiempo…

Entonces Pilar sonríe y piensa: - Y yo espero verlo... ¡ y reírme!

 

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