Convivencia entre tintorerías competidoras

En agosto de 2020 surgió en la sala de Telegram el tema de los precios en la tintorería. Calidad-precio, costes-beneficios, competéncia desleal, precios diminutos... Hubo muchas y buenas intervenciones. Yo aproveché para contar tres batallitas sobre lo que aprendí con el tiempo de como tratar y entender a la competéncia.


Buenos días a tod@s, llevo unos días perdido, ando de hospitales con mi padre, pero aún así os leo cada día. No se si le puede servir a alguien, pero quería aportar mi experiencia sobre el tema precios. Os contaré tres historias, que en realidad es una sola, la de mi casa.

Tengo claro que cada situación es diferente, pero también que si uno se estudia un tema con tiempo y saca conclusiones, luego podrá, cuando se presente la oportunidad, actuar de forma más consecuente e incluso a veces hasta puede que acierte con la respuesta. La mejor improvisación es la que está bien preparada.

Primera historia

En los años 70, cuando mi padre llegó al barrio de Sant Andreu en Barcelona, se sorprendió al ver que los tintoreros tenían precios muy diferentes unos de otros y que había una “guerra” de precios en toda regla. Así que un día fue tintorería por tintorería proponiéndoles a todos, hacer una reunión donde tratar ese asunto y otros que pudieran surgir.

De los 9 tintoreros convocados fueron 7 a la reunión, y fue un éxito ya que todos aceptaron consensuar una tarifa.

A partir de entonces cada año se organizaba una cena de los tintoreros del barrio, donde actualizaba la tarifa y trataban otros temas.

Las reuniones duraron muchos años hasta que las tintorerías fueron cerrando. Durante ese tiempo nos habíamos hecho la competencia en calidad, en simpatía y en servicio, pero no en los precios.

Segunda historia

Cuando llegaron las tintorerías baratas (las mono-precio) primero a los centros comerciales y luego a instalarse en las calles, en casa nos pusimos nerviosos. Es normal, no es fácil adaptarse a los cambios.

Pensamos en familia qué hacer y observamos qué es lo que estaban haciendo otros tintoreros de otros barrios. Algunos bajaban precios, prácticamente trabajaban sin beneficios. Otros intentaban mantenerse con sus tarifas habituales. Al final, cada uno hacía lo que podía.

De momento no se habían instalado en nuestro barrio, al menos no a pié de calle, pero tomamos dos decisiones:

La primera fue que nosotros no bajaríamos los precios.

Pensamos que si bajábamos precios, el cliente no lo entendería.

- ¿Cómo?- diría el cliente- ¿me han estado cobrando 1200pta todos estos años y ahora pueden cobrarme solo 300pta? Me ha estado robando!

Creímos que tampoco era una buena idea dar dos tipos de servicios: uno de calidad y caro, y otro muy básico y barato. Al final acabaríamos cobrando por un servicio barato para seguir realizando el servicio caro.

Decidimos pues seguir siendo una tintorería de calidad con precios acordes al servicio que realizábamos. Tuvimos muchos clientes que se fueron a las tintorerías baratas de los centros comerciales pero con el tiempo acabaron volviendo casi todos.

La segunda decisión no llegamos a ponerla en práctica, porque no llegaron a instalar ninguna mono-precio en el barrio, cerca de nosotros.

Santa Marta no bajaría precios, pero ¿qué nos impedía a nosotros instalar también una tintorería barata?

Conocemos el mercado de las máquinas, conocemos el barrio, podíamos montar una tintorería por mucho menos de la mitad de lo que les costaba una franquicia a cualquiera de ellos.

Decidimos que si abrían una tintorería de todo a 300 ptas en los alrededores, nosotros montaríamos otra a ser posible bien cerca de ellos a 290pta. Con otro nombre y con otro aspecto distinto al nuestro.

Nunca sería Santa Marta, sería otra marca, una marca barata, con un servicio barato, y que duraría lo mismo que durasen ellos. Por suerte no tuvimos que hacerlo. Pero en aquel momento yo era joven y tirado pa’lante, lo habría hecho. Hoy sigo sin saber si habría sido una buena o mala decisión.

Tercera historia

En 2007 mi mujer y yo nos instalamos en La Seu d’Urgell. Cambio de vida pero no cambio de oficio.

Montamos una tintorería en un pueblo donde ya había tres más.

Antes de inaugurar fui a ver a los tres tintoreros, me presenté a cada uno, les dije quienes eramos, que abríamos tienda, y que no quería comenzar bajando precios, al contrario, quería poner precios similares a lo suyos, que si me dejaban una lista así lo haría.

Al igual que mi padre, tuve suerte, los tres me dejaron sus listas y abrimos en La Seu con precios parecidos a los que ya había en el pueblo.

Al poco tiempo cenábamos juntos una vez al año. No estábamos inventando nada, solo hacíamos lo mismo que  a mi padre le funcionó tan bien 35 años antes.

Hoy solo hay dos tintorerías en el pueblo y seguimos relacionándonos. Nos vemos, nos visitamos, comentamos los problemas y nos damos apoyo.

Nos hacemos la competencia, pero aunque no estamos de acuerdo en todo, no nos tiramos piedras en nuestro propio tejado.



 

 

 

 

 

 

 

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