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Tintorería Iglesias. El origen de una saga de tintoreros

A casi un siglo se remontan los orígenes en el oficio de la familia de Paula Pérez Iglesias, la actual responsable de la tintorería Iglesias

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La tintorería del abuelo paterno, fundada en Compostela en 1915

Dicen que hay manchas que no se pueden borrar pero para Paula Pérez Iglesias, tintorera de tercera generación y actual responsable de la tintorería más antigua de Carballo, esas son las menos. Paula es hija y nieta de tintoreros y, desde pequeña, aprendió a conocer los tejidos y a tratarlos con cuidado. En la trastienda del negocio familiar, entre fotos case centenarias, nos explica, con la ayuda de su madre, los orígenes de este comercio, que lleva ya más de cincuenta años en la capital bergantiñana.

El origen: Canarias un siglo atrás

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El patriarca de la familia aprendió en la tintorería París, en Las Palmas

La historia de esta familia de tintoreros comenzó a principios del siglo XX, cuando el abuelo paterno de Paula, Antonio Pérez Gantes, decidió probar suerte en Canarias, tras la ruina del negocio de su padre, y se coló en un barco rumbo a las islas. Allí aprendió el oficio, en la tintorería de un cuñado, y volvió a Galicia para abrir su propio negocio en Santiago, en la calle Xeneral Pardiñas, en el año 1915. 

Eran muchos los operarios y operarias que allí trabajaban, como se puede ver en una de las fotografías que acompañan este reportaje. En algún caso terminaron por montar su propia tintorería.

De Compostela a Ferrol y a Carballo

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Compostela, en la Guerra Civil

De él aprendió también el abuelo materno de Paula, Jesús Iglesias, que se instalaría en Ferrol en los años 30. Y, buscando un lugar donde estabelecerse y continuar con la tradición familiar, a Carballo llegaría ya en el año 1947 Antonio Pérez Iglesias, el padre de Paula que, en un primer momento, se instalaría en la calle de la Salud y después se trasladaría, ya en la década de los cincuenta, al actual emplazamiento, en la calle Álvarez de Sotomaior. Fue la primera tintorería de Carballo y llegó a tener sucursales en diversos puntos de A Costa da Morte, como Malpica, Ponte do Porto, Laxe o Baio.

La historia a través de las prendas

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Trabajadoras y trabajadores en la tintorería compostelana

La madre de Paula, Marisa Iglesias, hace memoria para recordar aquellos tiempos. De lo que nos cuenta, nos hacemos una idea de cómo cambió nuestra relación con la ropa y como la propia sociedad se transformó. Entonces, las prendas debían  durar dcuanto más tiempo mejor y era preciso tratarlas bien. Se hacían muchos teñidos porque los periodos de luto eran frecuentes e interminables y, porque, además, era preciso reaprovechar la ropa y darle nueva vida remodelándola y cambiándola de color.

La actualidad

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Publicidad que la tintorería Iglesias proyectaba en los cines

Ahora, cuando la ropa es de usar y tirar ya al terminar la temporada, esto nos suena desconocido y distante. De los orígenes de las tintorerías ya sólo queda el nombre, porque, hoy en día, apenas se hacen tintes. A ellas suele ir la gente para limpiar aquellas manchas que se le resisten, con las prendas más delicadas, con los trajes o ropa de celebración, o con aquellas piezas más aparatosas, como la ropa de cama. Aunque la clientela y las necesidades son de lo más variado. Entre la ropa colgada en la trastienda de la tintorería vemos uno de los mantones que luce la imagen de los Milagros de Caión.

Del carbón a la electricidad

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La tintorería Iglesias, en la actualidad

Por fortuna, la familia de Paula fue tan cuidadosa con los recuerdos como con las prendas. En la trastienda de la tintorería hay colgado un teléfono proveniente del negocio que su abuelo paterno montó en Compostela a principios del siglo XX y, entre las fotos casi centenarias que nos enseña, podemos hacernos una idea de cómo se trabajaba por aquel entonces. En ellas vemos las calderas de leña y carbón, las prensas de vapor antiguas, los recipientes en los que se teñía la ropa a mano o el proceso para plisar los tejidos, que llevaba de uno a dos días. Era tal la cantidad de vapor que se generaba en aquella tintorería compostelana que el abuelo decidió montar una casa de baños. El jabón, recuerda con memoria sorprendente la madre de Paula, era de A Toxa…

El trabajo con mimo

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Aún se hace a mano el almidonado de mantelería

De lo que podemos ver en las fotos al proceso actual que Paula nos enseña va alrededor de un siglo. Pero, en la tintorería, Paula aún conserva máquinas que su padre, que gustaba de la tecnología y de modernizar los procesos, trajo en su momento de Estados Unidos y de Italia. De Kentucky es un maniquí de planchado a vapor, que ya casi tiene medio siglo.

Con Paula podríamos seguir hablando horas de los tejidos, de las peculiaridades de cada uno y de cómo hace falta tratarlos. Y probablemente no llegarían, porque en sí es un arte que requiere de mucho mimo y de cuidado máximo, sobre todo con los tejidos actuales, que mezclan diversas composiciones que requieren tratamientos diferentes. Aprendemos, por ejemplo, que comprar una marca cara no siempre implica adquirir un buen tejido. Pero la clientela comienza a llegar a la tienda y tenemos que abandonar la charla. Nos llevamos este pequeño trozo de la historia de ese retal amplio y antiguo que es el comercio carballés.

Articulo extraido del siguiente enlace http://www.turismocarballo.com/informacion.php?idioma=es&info=266

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