Presente y futuro de las tintorerias

En mayo hablamos mucho sobre el presente y el futuro de las tintorerías. El 17 de mayo de 2020 apenas nos conocíamos, pero me atreví a esbozar mi opinión sobre el tema con un escrito un poco largo para un grupo de chat. No iba a ser el último.


Cuando eres una multinacional, Cocacola, Huawey, la que sea, puedes hasta crear la necesidad en el mercado para vender tu producto. Pero cuando eres el de la boina, has de adaptarte al mercado. Has de vender aquello que te quieren comprar. Pero el mercado del textil ha cambiado y ha cambiado porque la sociedad ha cambiado.

La ropa que usamos cada día se lava en casa, la arruga es bella, la vida de la ropa es muchísimo más corta que antes porque la calidad no importa, puedes trabajar en un banco sin usar americana, viste casual en cualquier ocasión, compra, tira, compra, tira. La globalización nos ha llenado los armarios de ropa barata made in India que acabamos tirando en los containers de Cáritas y, como consumidores, nos encanta.

Hace más de 30 años, mientras yo tenía que defender mi trabajo en el mostrador y explicarle a doña Paquita el porqué no había sido capaz de quitar la mancha de ese jersey al que ella quería tanto, mi tío de Canadá me explicaba que allí las tintorerías eran siempre con servicio a domicilio incluido. Que si quedaba una mancha no tenía importancia, porque al final de la temporada ibas a cambiar el armario completo. La ropa era muy barata y su vida muy corta. Compra. Tira.

Esa realidad ya la tenemos aquí. Puede que se dé más en las ciudades que en los pueblos, pero ya está aquí.

Seguramente siempre se necesitarán tintorerías, porque siempre habrá esa prenda especial, o esa muy cara, o esa otra muy difícil de limpiar, y porque siempre habrá un mercado. Pero no serán tantas como las que hay ahora.

La gente (sobre todo la joven) ya no sabe hacer un dobladillo, ni te cuento el meter una cinturilla o reformar un vestido. No saben planchar, apenas lavar, no entienden de tejidos, compran por impulsos, sobrevaloran su tiempo y su esfuerzo, desconocen e infravaloran el tiempo y el esfuerzo del otro, acatan bastante las normas pero sobre todo siguen las modas, prefieren teclear que hablar (lo llaman tecnología) y prefieren que se lo den todo hecho.

Por otro lado, el precio de los artículos radica básicamente en el precio de la marca no en el coste del producto. La inmediatez es la tendencia, lo simple mola y lo complejo no. Por eso yo no molo (Papá no molas; [mis hijas dixit]).

Actualmente el tiempo es preciosísimo. Vendamos tiempo. Eso, en realidad, es lo que vende Telepizza además de pizzas.

Ejemplo: En casa cenamos pizza cada viernes, buenísima, la hago yo. Es que aquí donde vivimos, no llega el repartidor. Si llegase quizás alguna vez la pediríamos en lugar de hacerla, y probablemente al cabo de un tiempo la pediríamos cada semana. Nos lo ponen tan fácil…

No creo que mis hijas continúen con la tintorería. Se dedicarán a otra cosa. Probablemente ni siquiera vivan en este país. Todos los negocios son complicados, nuestro sector también, pero las tintorerías tradicionales decaen. Las lavanderías autoservicio en cambio, proliferan. No entiendo cómo pueden coexistir tres en mi pueblo, pero tampoco entendía a los Quick-sec en los 80, o las franquicias monoprecio, en los 90. Aun así, no creo que la tintorería se esté muriendo, muere un estilo, un sistema, simplemente hay que cambiar el tipo de negocio.

Si tuviera 25 años, o si una de mis hijas quisiera continuar tengo claro que mi planteamiento sería diferente. Como soñar es gratis, puedo decir que la tintorería que montaríamos tendría que:

  • dar un servicio integral. El cliente tendría que saber que todo lo relacionado con las prendas y el textil lo solucionaríamos allí. Limpiar, planchar, poner cremalleras, lavar cascos, almidonar, teñir, todo.
  • tener entrega y recogida a domicilio a través de una aplicación. NO hay vida mas allá del movil.
  • Un protocolo sencillo, con servicios básicos económicos para las prendas básicas. Camisas, pantalones edredones….
  • y servicios sofisticados con un precio acorde a lo ofertado. Un trabajo especial, una marca de calidad que se hace pagar. Lo caro no solo es caro cuando se compra sino también cuando hay que mantenerlo.
  • Horarios amplios. Si vendemos tiempo tenemos que tener amplios horarios.
  • Servicio de planchado a domicilio por horas.
  • El local tendría que ser grande porque no sería solamente una tintorería y un taller de costura, podrían haber otros negocios afines que den servicios añadidos. Por ejemplo,  ¿porque no tener también un zapatero remendón?¿o alquilar ropa de fiesta? ¿o vender ciertos productos exclusivos de limpieza? 
  • Tendría también una sección de autoservicio (lavado y secado) con alguna maquina de vending e internet para pasar el rato. (Ya ni te cuento si se monta un pequeño bar junto a las lavadoras y secadoras).
  • Sería un negocio comprometido con la ecología en sus protocolos de lavado y maquinaria.
  • Podría realizar acciones dinamizadoras, talleres de teñido ecológico, de reutilización de ropa, de costura, de punto de cruz, y de todo aquello que traiga gente al local, que recupere de alguna manera el espíritu de los antiguos lavaderos comunales.

Un servicio integral, pero integral de verdad.

Los tintoreros siempre hemos sido tecnológicos y lo seguiremos siendo, pero cambiar y adaptarse a los tiempos ya es cosa de cada uno, de su historia, de su edad, de sus necesidades y de sus posibilidades.

Nosotros, Carmen y yo, ya estamos mirando el reloj y aunque aún nos quedan unos años de pagar autónomos, sabemos que cerraremos un ciclo familiar. Pero mientras, seguiremos guardando el tarro de las esencias.

barbour belstaff