Tintoreria: Formación e Información

El 11 de Octubre de 2020 surgió en el grupo de Telegram un tema interesante: ¿Cómo ha de ser la formación del tintorero? ¿Debería ser obligatoria? ¿Quién tendría que formarnos? 

Varios colegas aportaron puntos de vista interesantes, pero el mensaje de Oliveira llamó especielmente mi atención y me dio pie a desbarrar como siempre.

...Cambalache, siglo XX problemático y febril..... 

 


Desde hace años pienso, al contrario que la mayoría de la gente, que montar un negocio debería de ser más complicado. En el sentido de que debería ser obligatorio una mínima formación empresarial y la presentación de un plan de negocio. Simplemente con eso la gran mayoría de estés listillos desaparecerían. Hacer unos pequeños números quita mucha tontería...

Y lo digo porque me da pena que personas emprendedoras con ganas de buscaré la vida pierdan sus ahorros, ganas y en muchos casos su salud por hacer caso de cuatro timadores.

Antes de ayer inauguró en mi zona otra lavandería autoservicio. Si dibujo un círculo con centro en mi Tintorería en doscientos metros a mi alrededor hay siete autoservicios y uno ya cerró... ¿Cuantos quedarán al final?

No es lógico, todo ese dinero bien invertido crearía puestos de trabajo, y así....

Oliveira - Tintoreria Avenida (A Coruña)

 

Oliveira, entiendo perfectamente a qué te refieres con tu reflexión. A veces también he pensado lo mismo. Información y formación.

Pero luego lo pienso mejor y no me fio, porque sé que en este país vamos a lo simple. Formar es complicado, así que mejor solo regulamos (ya se formarán), ponemos unas cuantas trabas más, 3 ventanillas, 2 tasas y listos.

Quita, quita. Cada día me gustan menos las regulaciones y las normas, supongo que van en contra de mis convicciones más íntimas.

Lo de tener que pasar por una formación para montar un negocio ya ocurría en la edad media con los gremios. No podías montar un negocio nuevo hasta no ser maestro en tu oficio, y para ello debías primero pasar unos años de aprendiz y después ser aprobado por un tribunal del gremio.

Incluso actualmente hay profesiones en las que de alguna manera, sigue ocurriendo. Hay que ser médico para poner consulta, o podólogo, o dentista, fisioterapeuta, arquitecto, abogado, veterinario… y muchas más.

Pero también es verdad que hasta en esas profesiones existe intrusismo y no es raro encontrarte falsos médicos, o falsos fisios, naturópatas, gente sin titulación, o con titulaciones y formaciones más que dudosas…

Y no me importa que así sea, si no existe engaño. Si no hay engaño, se llama libertad de elección. Tú sabrás a quien acudes. Si prefieres que te cure la menciñeira pues tú sabrás. Es tu libertad.

Yo sé escribir pero no se me ocurriría montar un periódico, y mi abuela sabía cocinar estupendamente, pero a ninguno se nos ocurrió incitarla a montar un restaurante… Pero si otra persona es más osada, más valiente o más loca, pues que lo haga si es su voluntad. ¿No tienes ni idea pero quieres montar una tintorería? Son tus cuartos, tú sabrás. Es tu libertad.

Para mí el problema no está en la libertad de poder hacerlo o no. El problema está en la calidad de la información de la que disponemos al tomar decisiones. Cuando la información no es la correcta, cuando no estamos correctamente informados (ni formados). Cuando los que nos informan simplemente nos mienten (queriendo o no), es cuando el asunto pierde todo el sentido. Es cuando la libertad no es libre.

Vivimos en la era de la información. En realidad de la sobre-información. Pero es una información de bajísima calidad y hay que rebuscar mucho en la basura para encontrar la buena información.

Antes ese filtro lo hacían los propios medios, los periódicos, los periodistas… Casi siempre podías distinguir bien qué era información y qué era opinión. Qué era una noticia y qué era un anuncio. Qué era algo parecido a la verdad y qué era un cuento malayo.

Pero ahora queremos todo gratis. Queremos leer prensa pero no pagar por ella. ¿Para qué comprar un periódico si tenemos internet en el móvil? ¡Noticias gratis a porrillo! No nos interesa (como sociedad) la calidad de la información. Nos interesa lo inmediato, lo impactante, lo simple. 140 caracteres, no más, que si no da pereza.

Entonces, los medios optan por sistemas más “creativos” para financiarse. Y así nace, entre otras plagas, este mar de infobasura que nos inunda.

Yo no iría a que un adivino me adivine el futuro, pero no prohibiría la práctica de la videncia. Si un adulto, informado y formado quiere gastarse su dinero en adivinos que se lo gaste.

Pero resulta que ahora los brujos y brujas tienen programas en todas las cadenas de televisión y sin embargo la reputación de la propia cadena no sufre ninguna merma por ello. Aquí está el meollo del asunto.

Es una estafa, son unos sacacuartos, unos timadores, todos lo sabemos, pero a nadie le importa la parte moral del asunto. Ellos son unos sacacuartos, pero ¿y la cadena? Pues por lo visto, no, la cadena no.

Ese es el problema. Puedes tener un programa sobre historia, luego otro sobre el origen del universo y a continuación, tras los anuncios, a la bruja Lola. Y nos da lo mismo.

“…Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la biblia junto a un calefón…”.

 

BARBOUR

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